La familia Aspíllaga compra el inmueble y el solar posterior (en escritura aparece la compra de 1431 m2. y la casa original tenía 1059 m2.), se alinean y se remodelan las fachadas bajo el esquema neo-renacentista de fin de siglo, tomando algunos elementos de las tendencias modernistas. El interior también es remodelado con la finalidad de integrar la edificación posterior de la casa a la principal. Los tabiques de quincha con caña partida, que se presenta en muros del segundo patio y en la zona que corresponde al cajón de la escalera corresponden a fines de siglo XIX y principios del XX. El segundo piso también es remodelado en su decoración, se colocan rosetones en el cielo raso como elemento decorativo y se da acabado a los muros con papel decorativo y la carpintería se pinta con colores pastel y dorados. En la mayoría de los muros se encuentra un enlucido de características muy posteriores a la edificación original, esto nos indica -conjuntamente con la capa pictórica- que corresponderían a la última gran remodelación realizada por la familia Aspíllaga y que la casa que actualmente conocemos fue intervenida sin que queden muchas evidencias de su configuración, materiales o decoración original posterior al terremoto del 1746. Finalmente cuando la casa entra en posesión del Ministerio de Relaciones Exteriores las puertas que daban a los jirones Ucayali y Azángaro se convierten en ventanas y se mantienen solo los ingresos a través del zaguán a los patios, quedando la fachada como la conocemos hoy.